Hotz handia eginagatik, azaroaren 20ean, ehundaka mila pertsonak bete zuten berriro hiriburu mexikarreko Zokalo Plaza. Andres Manuel Lopez Obradorren inbestidura ospakizunean parte hartzera joan ziren, hau Mexikoko presidente legitimo izendatuz. Uztailaren 2an izandako hauteskunde presidentzialen iruzurra gaitzesteko ekitaldia izan zen argi eta garbi.

Se trataba de la continuación de un movimiento de protesta que ha visto a millones de personas tomar las calles durante un período de tres meses y que culminó en la Convención Nacional Democrática (CND) el 16 de septiembre, cuando más de un millón de delegados decidieron no reconocer los resultados oficiales de las elecciones presidenciales y declarar a AMLO como único presidente legítimo del país.
La multitud coreaba consignas como: “Es un honor estar con Obrador”, “Podemos escuchar, podemos ver, tenemos presidente”, cuando López Obrador recibía la faja presidencial de manos de la veterana luchadora social Rosario Ibarra de Piedra.
El mismo hecho de que, una vez más, la plaza del Zócalo estuviera totalmente abarrotada, particularmente después del respiro del movimiento tras el levantamiento de la ciudad de tiendas de campaña el 16 de septiembre, revela la profundidad del movimiento, que es no sólo un rechazo al fraude electoral, sino también un rechazo de la política económica aplicada durante los últimos veinte años y que ha incrementado enormemente el abismo entre los ricos y los pobres de México.
Mientras el país ha añadido un número récord de millonarios a la lista Forbes de los más ricos del mundo, millones se han visto obligados con la firma del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (ALCA) a emigrar a EEUU (5 millones sólo en los últimos diez años). Mientas la mitad de la población vive bajo el umbral de la pobreza, una quinta parte vive en la extrema pobreza, el 0,15 por ciento más rico de los mexicanos cuenta con el 30 por ciento de la riqueza del país. Estas son algunas de las causas sociales profundas que subyacen en este movimiento.
Una pareja de ancianos de Teoloyucán, citados en La Jornada, explicaban las razones por las cuales estaban allí: “Venimos al juramento del presidente legítimo de México, porque debe haber un cambio. Ya no es posible vivir en esta situación donde los que están en el poder detentan toda la riqueza, mientras que para los que estamos abajo las cosas empeoran cada vez más. Ya hemos tenido suficiente. En el pasado teníamos algo que comer. Alimentar a nuestros hijos cada vez es más imposible. Antes yo era el que trabajaba, ahora también tiene que hacerlo mi esposa”. Y el marido concluía: “Para arreglar esto creo que no hay otra salida que la revolución”.
López Obrador, sin duda alguna, utilizó un lenguaje radical durante el acto. Habló de una “oligarquía neofascista que se ha apoderado de las instituciones políticas del país que está decidida a mantener y aumentar sus privilegios”, además añadió que a esta “minoría rapaz… no le importa el destino de millones de mexicanos que sufren necesidades y sobreviven en condiciones de pobreza”. Insistió en que “aceptar las reglas del régimen actual, implica no sólo una traición al pueblo de México, sino posponer indefinidamente un cambio democrático, y resignarnos impotentes ante los abusos de la elite política y económica”.
El periódico español El País, un representante fiel de los intereses empresariales españoles que han recolonizado América Latina durante las últimas décadas, es particularmente histérico en sus ataques contra Obrador y el movimiento contra el fraude electoral (ocurre lo mismo con la insurrección revolucionaria de Oaxaca). En una editorial publicada el lunes 20 de noviembre, describía el mitin del Zócalo como “una fantasmal farsa política”, El País dice que: “si algo ha logrado López Obrador con su permanente y escasa consideración con las instituciones democráticas del Estado y con sus decisiones es el oprobio de poner en peligro la convivencia pacífica y la paz civil en esa gran nación que es México”.
Aquí podemos ver qué preocupa realmente a El País (que, a propósito, revela su ignorancia ¡situando la fecha de la revolución mexicana de 1910 en 1920!): la deslegitimación de las instituciones de la democracia burguesa ante los ojos de millones de trabajadores en México. El propio López Obrador parece consciente de esto, cuando en su discurso admitía que: “He sido atacado sin piedad porque dije ‘al infierno con las instituciones corruptas’”.
El movimiento contra el fraude electoral también se enfrenta a sus enemigos dentro de las estructuras del PRD y la burocracia. El ala de derechas del partido y aquellos en posiciones de poder en el gobierno local y regional se oponen feroz y públicamente al rumbo de las acciones adoptadas por López Obrador. En el Zócalo, las masas son conscientes de esto y distinguen claramente entre López Obrador, que al menos se ha puesto al frente del movimiento, y aquellos dirigentes del PRD que lo han saboteado. Una delegada sindical de un hospital estatal en Acapulco, citada en La Jornada, es clara en esta cuestión: “Estoy aquí sólo para apoyar a López Obrador… [gobernador estatal del PRD] Zeferino Torreblanca es un ladrón y [el alcalde del PRD de Acapulco] Félix Salgado es sólo un idiota”.
Pero, como hemos señalado antes, el problema al que se enfrenta López Obrador es que se ha puesto al frente de un movimiento que ha desafiado las instituciones del poder burgués, pero que no ha elaborado un plan para tomar el poder. Una editorial de un periódico burgués preguntaba irónicamente a AMLO si iba a comenzar a subir impuestos y dar órdenes al ejército, ahora que era el “presidente legítimo” de México. Y realmente este es el punto crucial. No puede haber dos presidentes en un país. La pregunta que se debería hacer es la siguiente: ¿cómo nos libramos de Felipe Calderón, el candidato del derechista Partido de Acción Nacional (PAN) que ha sido declarado ganador oficial de las elecciones? Y La respuesta, al menos en parte, se puede encontrar en la consigna que decenas de miles gritaban el lunes: “huelga nacional”.
Muchos fueron al Zócalo buscando una respuesta a la pregunta: “¿Y ahora qué?” Pero no hubo una respuesta clara. El siguiente momento clave del movimiento es el 1 de diciembre, cuando Felipe Calderón debe jurar ante la Asamblea Nacional. El movimiento alrededor de AMLO ha prometido impedir que Calderón se convierta en presidente y la clase dominante mexicana se está tomando muy en serio esta amenaza. El Congreso ahora está rodeado por elevadas vallas de acero y cientos de policías patrullan la zona veinticuatro horas al día.
Es probable que López Obrador quiera limitar el movimiento a algún tipo de manifestación de resistencia pacífica, como un mitin en el Zócalo, mientas que los parlamentarios del PRD intentan evitar la jura de Calderón dentro del Congreso. Esto es más o menos lo que ocurrió el 1 de septiembre cuando el presidente Fox debía pronunciar su discurso sobre el estado de la nación. El problema es que esta vez a la clase dominante no la pillará desprevenida. Están firmemente decididos a garantizar que este acto simbólico de juramento del nuevo presidente siga adelante. Necesitan las instituciones de la democracia burguesa y al menos deben tener un sello de aprobación “oficial”.
Los compañeros de la Corriente Marxista Mexicana Militante llevan defendiendo desde hace tiempo que el próximo paso del movimiento, y particularmente el 1 de diciembre, debería ser una huelga general que paralizara el país e impidiera eficazmente que Calderón se convierta en presidente. Existe el peligro muy serio de que las masas se cansen de estas repetidas manifestaciones de masas en el Zócalo y que el movimiento, perdiendo el centro, comience a retroceder. Una huelga general en sí misma no decidirá la cuestión del poder e incluso menos aún resolverla, pero conseguiría que la clase obrera fuera consciente de su propio poder.

La lucha de Oaxaca continúa ante la intervención militar

Mientras tanto, en Oaxaca, el mismo día, se celebraba una manifestación de masas en protesta contra la ocupación militar de la ciudad, exigiendo una vez más la dimisión del gobernador Ulises Ruíz (también conocido por sus iniciales URO). La manifestación se encontró con el gas lacrimógeno de la policía federal que ocupa la ciudad desde el 29 de octubre.
La lucha en Oaxaca ha evolucionado de una lucha por mejores salarios y condiciones para los profesores, a una situación de doble poder donde la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) ha estado dirigiendo la mayor parte del estado durante los últimos cinco meses. La APPO, una coalición de sindicatos, organizaciones vecinales, organizaciones campesinas, grupos de estudiantes y mujeres, autoridades locales y tradicionales, se calificó como la única autoridad legítima de este estado afligido y pobre del sur de México, creando su propia fuerza policial (la Policía Magisterial), se hizo cargo del transporte público, controlaba la ciudad con 1.000 barricadas y físicamente impidió el funcionamiento del gobierno estatal.
Pero después de muchos meses de lucha, a finales de octubre ya había síntomas de cansancio en el movimiento. Un sector de la dirección de la sección 22 del sindicato de profesores que incluye Oaxaca y que ha sido la columna vertebral del movimiento, decidió aceptar varias de las concesiones que ofrecía el gobierno y las sometió a votación en un referéndum. Pero incluso antes de que se conocieran los resultados oficiales de la votación, ya se estaba anunciando que los profesores habían votado regresar al trabajo. Esto enfureció a la base de los profesores que se presentaron en masa en una asamblea sindical y obligaron a los dirigentes reformistas a huir. Estos signos de divisiones entre los dirigentes de los profesores fueron vistos por el gobierno nacional como un signo de debilidad y aceleró la intervención de la Policía Federal Preventiva (PFP) y el ejército contra la APPO.
La clase dominante mexicana no podía permitirse que la situación en Oaxaca se prolongue mucho más tiempo. Era un desafío directo a las instituciones del Estado en la región y se estaba convirtiendo en un ejemplo para los trabajadores, campesinos y jóvenes en lucha por todo el país. Existía otra razón para su urgencia por aplastar la APPO: no querían que el movimiento en Oaxaca se uniera a la lucha contra el fraude electoral, y particularmente con las fechas simbólicas del 20 de noviembre y el 1 de diciembre. Calculaban que el movimiento en Oaxaca estaba debilitado y que podrían acabar con él antes del 20 de noviembre, de este modo desmoralizarían el movimiento alrededor de López Obrador. Esto demuestra que para el movimiento es muy peligroso aceptar un compromiso que implique la desmovilización de sus fuerzas antes de conseguir concesiones serias. Esto siempre será utilizado por el enemigo de clase para pasar a la ofensiva.
El 28 de octubre en las barricadas de Oaxaca hubo varias provocaciones, con miembros de la policía local y bandas del PRI (el partido del gobernador del estado Ulises Ruíz) disparando contra militantes de la APPO. Murieron asesinadas cuatro personas, incluido un periodista de Indymedia de Nueva York, Brad Will (se puede ver el vídeo con sus últimas imágenes en la siguiente dirección: http://www.youtube.com/watch?v=dxlwcfldxIw). Esto fue el preludio para la entrada del ejército y la PFP en Oaxaca el 29 de octubre. Una confrontación directa con las fuerzas del gobierno (que utilizaban helicópteros militares, bulldozer y rifles de asalto) habría terminado probablemente en un baño de sangre. La APPO decidió organizar una manifestación masiva en la que participaron cientos de miles por el centro de la ciudad, pero no defendieron la mayoría de las barricadas y trasladaron la ciudad de tiendas de campaña del Zócalo de Oaxaca a la plaza cercana de Santo Domingo. El resultado final fue que aunque Oaxaca estaba bajo la ocupación militar, las fuerzas del gobierno estaban principalmente en el Zócalo, el movimiento no había sido aplastado y todavía estaba desafiante y controlando algunas de las emisoras de radio.
La situación en Oaxaca también está sometiendo a la alianza PAN-PRI a una severa tensión. Los dos partidos son representantes de la clase dominante y están unidos contra el movimiento de trabajadores y campesinos. Pero mientras el PRI tiene el control del gobierno local en Oaxaca, el PAN está en el poder a nivel nacional. Algunos en la dirección del PAN están intentando que Ulises Ruíz dimita, para ellos es sólo un peón canjeable, con la esperanza de que esto desactive la situación revolucionaria en Oaxaca. Pero para los dirigentes del PRI la situación es un poco diferente, ya que es su peón al que se quiere sacrificar, y advirtieron que si URO era destituido eso sería visto como una victoria por el movimiento y pondría más en peligro las oportunidades de Calderón para convertirse en presidente. En un sentido los dos tienen razón.
La ocupación militar de Oaxaca no fue suficiente para la clase dominante, necesitaban aplastar el movimiento de una vez por todas. Así que el jueves 2 de noviembre la PFP intentó tomar el campus Benito Juárez de la Universidad de Oaxaca (UABJO) que llevaba meses ocupado por la APPO y desde allí operaba una de las principales emisoras de radio del movimiento, Radio Universidad. Pero en esta ocasión, los activistas, conscientes de que su desalojo del campus significaría una derrota seria para el movimiento, resistieron. Durante seis horas hubo una batalla total entre las fuerzas fuertemente armadas de la PFP y decenas de miles de activistas de la APPO, con los estudiantes universitarios en la primera línea de los enfrentamientos. Armados con palos y piedras, defendiendo las improvisadas barricadas con cócteles Molotov y lanzacohetes caseros, finalmente consiguieron derrotar a las fuerzas de la policía que tuvieron que retirarse del campus universitario.
Las imágenes de oficiales de la PFP heridos evacuados en helicópteros del ejército, y la PFP derrotada retirándose de la UABJO se emitieron por todo México (ver el vídeo de la Batalla por Radio Universidad) y fue visto como una derrota importante para el gobierno que animó aún más el movimiento. Es la segunda vez este año que las fuerzas represivas del estado han sido derrotadas en una confrontación abierta. La anterior fue en abril cuando las fuerzas de la PFP fueron derrotadas y expulsadas de la acería de Sircatsa en Lázaro Cárdenas en una huelga de trabajadores del acero. Eso es una indicación del nivel que ha alcanzado la lucha de clases en México.
Durante la lucha en Oaxaca el movimiento ha tenido una orientación consciente apelando a los soldados rasos e incluso a los oficiales de policía para que no permitan que les utilicen contra la población. En algunos casos los soldados, cundo se enfrentaban con las mujeres que les apelaban para que se pasaran al lado del pueblo, rompían a llorar, eso no es lo que quiere un gobierno represivo que quiere vender el país a las multinacionales a cambio de cacahuetes. La Federación de Oficiales del Ejército Retirados también ha participado oficialmente en las manifestaciones contra el fraude electoral. Las fuerzas represivas del aparato del estado en México todavía son fuertes, pero estos pequeños ejemplos son indicaciones de lo que sería posible si se hiciera un llamamiento revolucionario serio a las filas del ejército para que apoyara una huelga de masas por parte de la clase obrera.
Después de la derrota de la PFP en la batalla de la Universidad, hubo otra marcha masiva en Oaxaca el domingo 5 de noviembre, con más de un millón de participantes, algunos de ellos de fuera del estado. Esto fue la prueba más impresionante de desafío en una ciudad bajo ocupación militar, con la policía en cada esquina, encerrada detrás de barricadas de alambre de espino y con francotiradores en los tejados a lo largo del recorrido de la marcha.
Claramente el movimiento es desafiante, no ha sido derrotado y la represión sólo ha fortalecido su resolución. La APPO ahora se ha dotado de estructuras claras en un congreso que se celebró el 10-12 de noviembre, se formó con representantes de los sindicatos, organizaciones sociales, pueblos y ciudades de todo el estado y también con delegados de las barricadas. Este congreso también reveló la aparición de divisiones dentro del movimiento entre un ala de izquierdas y otro de derechas. Muchos creen que algunas de las figuras dirigentes del movimiento son demasiado moderadas. Ha aparecido un ala de izquierdas, en concreto alrededor de los activistas de Radio Universidad que coordinaron la defensa del campus de la UABJO el 2 de noviembre. Una de las principales debilidades de la dirección actual de la APPO es que se limita a reivindicaciones de cambio social, incluida la convocatoria de una Asamblea Constituyente en Oaxaca. Estas reivindicaciones son importantes pero necesitan claramente estar vinculadas a las reivindicaciones destinadas a resolver las necesidades inmediatas de las masas (empleos, comida, tierra, derechos sindicales, salarios, educación y sanidad).

La clase dominante se enfrenta a un movimiento nacional

La peor situación posible para la clase dominante se ha hecho realidad: no consiguieron aplastar la Comuna de Oaxaca y esta lucha ahora se ha unido a la lucha nacional contra el fraude electoral. AMLO era reticente a implicarse demasiado con la lucha en Oaxaca y no tomó ninguna medida seria para defender la Comuna de Oaxaca antes de la intervención del ejército. Al mismo tiempo algunos dentro de la APPO no querían que se vinculara con la lucha contra el fraude electoral, al principio decían que no participarían en la Convención Nacional Democrática y también tenían una tendencia a limitar la lucha a las fronteras de Oaxaca.
Pero los sanos instintos de la base de ambos movimientos hacia la unidad contra el enemigo común, la oligarquía mexicana, son los que han prevalecido. AMLO ahora ha tenido que apoyar públicamente la lucha de Oaxaca y la APPO, y ésta ha adoptado una postura más nacional defendiendo la creación de asambleas populares similares en otros estados. Las dos luchas ahora están unidas con la convocatoria de una protesta de masas contra Calderón el 1 de diciembre y la APPO está planeando una marcha con un millón de personas en Oaxaca. Precisamente esto es lo que quiere evitar a toda costa la clase dominante.
Aún así, en la izquierda hay quienes parecen no comprender esto y están intentando crear una muralla china artificial entre la lucha contra el fraude (“una lucha política” basada en los “dirigentes”) y la lucha en Oaxaca (una “lucha de base” desde “abajo”). Al hacer eso, inconscientemente, hacen un favor a la clase dominante, pero también revelan muy poca comprensión de la forma en que se mueven las masas y de la historia de la propia Revolución Mexicana. Los millones que han participado en las marchas y plantones (ciudades de tiendas de campaña) en México DF contra el fraude electoral están expresando un deseo profundo y revolucionario por un cambio fundamental, no sólo en la cuestión de la democracia, sino también en la defensa de los recursos naturales, derechos adquiridos, educación gratuita. Y comprenden que sólo pueden conseguirlo a través de la lucha. Sus reivindicaciones van más allá de los límites del capitalismo, particularmente más allá de los límites actuales del capitalismo mexicano, y objetivamente hace que el movimiento colisiones con la clase dominante mexicana y el imperialismo. Como decía la pareja de Teolocuyán al periodista de La Jornada: “Para arreglar esto creo que no hay otra salida que la revolución”.
Apoyan a AMLO porque ha proporcionado la lucha con un canal para expresarse, porque es una figura dirigente que se ha atrevido a enviar al infierno a todas las instituciones. Ciertamente AMLO es un político reformista, y como tal, tiende al compromiso, y no desea que la lucha vaya más allá de ciertos límites. Pero hasta ahora, a los ojos de las masas que están entrando en la vida política por primera vez, ha juego un papel positivo, convocando acciones y canalizando el movimiento, y lo ha hecho de tal forma que por ahora parece tener éxito. Esta es una etapa necesaria en la educación política de cientos de miles de trabajadores corrientes. Pero incluso en esta primera etapa, el apoyo a Obrador no es incondicional. En la Convención Nacional Democrática del 16 de septiembre, algunas de las personas propuestas por AMLO como dirección del movimiento fueron abucheadas por la multitud porque eran vistas como más moderadas o incluso machadas con la corrupción.

El EZLN

El deber de los revolucionarios no es abstenerse de este movimiento, sino participar en él plenamente, mientras que al mismo tiempo señalan los métodos y programa que el movimiento debería adoptar para avanzar, entablando una discusión con los trabajadores corrientes, en lugar de hablar con desdén desde los márgenes. La dirección del EZLN ha cometido varios errores importantes durante este proceso. En primer lugar, dijeron que las elecciones no tenían importancia, cuando estaba claro que millones veían las elecciones del 2 de julio como una forma de expresar el deseo de un cambio fundamental. Marcos y la dirección del EZLN se abstuvieron cuando millones de personas marchaban por las calles de México y llenaban el Zócalo en muchas ocasiones. Cuando finalmente hicieron una declaración, ésta no podía conectar con el movimiento porque aunque denunciaban el fraude electoral, todavía insistían en que AMLO “es nuestro enemigo”.
Con relación a Oaxaca, la posición de los dirigentes del EZLN también fue muy tímida, cuando dijeron que observarían el movimiento que se estaban desarrollando allí, para aprender, pero que no participarían en él directamente. Parece que ahora su actitud ha cambiado, han comenzado a organizar solidaridad a nivel nacional a través de La Otra Campaña, e incluso han convocado una huelga nacional el 20 de noviembre (aunque La Otra Campaña realmente tiene una influencia insignificante dentro del movimiento sindical y además el 20 de noviembre es una fiesta nacional en México). El problema principal aquí es la actitud sectaria hacia el movimiento contra el fraude electoral y el PRD en general, sin comprender que la dirección del PRD es una cosa, pero que los millones que están iniciando un camino potencialmente revolucionario bajo las banderas del PRD y AMLO son algo completamente diferente. De este modo, en una reunión en Nuevo León el 16 de septiembre, el subcomandante Marcos ridiculizó a un trabajador de la Corriente Marxista Militante por proponer un frente único entre la APPO, la CND y La Otra Campaña, para luchar contra la investidura de Calderón el 1 de diciembre. Pero la realidad es terca y podemos predecir con confianza que los dirigentes del EZLN se verán obligados a participar en el movimiento del 1 de diciembre, o corren el riesgo de ser ignorados por los millones de la CND, el PRD, la APPO y los sindicatos que estarán allí presentes.
Resulta irónico que los dirigentes de un movimiento, que pretende ser fiel al gran dirigente mexicano revolucionario y campesino Emiliano Zapata, olviden que la revolución mexicana de 1910-1917 realmente comenzó como una lucha contra el fraude electoral cometido contra Francisco Madero. Emiliano Zapata formó parte de ese movimiento que tenía implicaciones revolucionarias y que fue más allá de la lucha por la democracia.

La revolución mexicana ha comenzado

La situación que se ha iniciado en México tiene características revolucionarias evidentes. Las masas ya no están dispuestas a ser gobernadas de la vieja manera y están desafiando no sólo a esta o aquella figura política burguesa o partido, sino a todo el sistema. Tienen reivindicaciones económicas profundamente arraigadas que chocan directamente con los intereses de la clase dominante y el imperialismo. Confían en sus propias fuerzas, han conseguido varias victorias parciales en el último período. En el caso de Oaxaca han creado sus propias organizaciones independientes de lucha. Las fuerzas armadas del estado no han sido capaces de aplastar por ahora decisivamente ninguno de estos movimientos (y en el caso de Oaxaca han sido derrotadas). La clase dominante está dividida y ya no puede gobernar a la antigua manera. Estos son todos los ingredientes de una situación revolucionaria.
Si todavía no hay ido más allá, es debido a la debilidad de la dirección revolucionaria. No hay duda de que si AMLO hubiera convocado una huelga general en julio o agosto, cuando millones estaban en las calles, la cuestión del poder se habría planteado directamente. Para aquellos que todavía pueden tener dudas sobre esto, podemos citar el diario derechista Reforma, que publicó una encuesta donde se preguntaba a la gente hasta donde estaba dispuesta a llegar en la lucha contra el fraude. Muchos dijeron que participarían en marchas y manifestaciones, en actos de desobediencia civil, etc., Pero el 11 por ciento estaría dispuesto a participar en una sublevación, en una insurrección. Esto en un momento en que la cuestión de una insurrección no la había planteado nadie, que no se discutía públicamente en ninguna parte. Eso significa que más de 11 millones de personas, incluso antes de que se hiciera este llamamiento, ¡estaban dispuestas a participar en una insurrección!
El 1 de diciembre será otro punto de inflexión en este movimiento. Una vez más, si se hiciera una convocatoria seria de huelga general en todo el país, se impediría la investidura de Calderón y la situación alcanzaría un nivel superior. Sin embargo, teniendo en cuenta las vacilaciones de AMLO, es posible que Calderón pueda, de una u otra manera, llegar exitosamente a ser presidente de México. Pero ¿cuáles son las perspectivas para un gobierno de Calderón? El anterior gobierno del PAN con Fox, en esencia, fue un gobierno débil. Consiguió salir elegido como una reacción contra 70 años de gobierno del PRI, así que tuvo, al principio, un cierto nivel de apoyo popular. Sin embargo, fue incapaz de llevar a la práctica las principales contrarreformas exigidas por la oligarquía mexicana y sus maestros de Washington. Cada vez que intentó reformar el código laboral, el sistema de seguridad social, privatizar la electricidad, limitar el acceso a la educación superior, se enfrentó a un movimiento de masas que lo paró en seco.
El gobierno de Calderón pretende seguir exactamente el mismo camino. El 15 de noviembre ya anunció medidas económicas que son un ataque a los pobres, incluido el aumento de los precios subvencionados de la leche, el pan y el combustible (que repercutirán sobre otros productos básicos). El día después de que AMLO fuera declarado presidente legítimo, Calderón anunció la composición de su gabinete. Agustín Carstens, un economista formado en la Universidad de Chicago y antiguo funcionario del FMI, fue señalado como ministro de economía. Forma parte de un equipo económico, que LA Times describe eufemísticamente como “seguidores de la política de libre mercado como la solución a los males de México”. Esto incluye “mantener el gasto del gobierno bajo control” (léase recortes del gasto social), “aprobar una legislación que ayude a la economía de México a crecer más rápido” (léase nuevos ataques a los derechos labores y convenios colectivos), y “modernizar el sector enérgico mexicano dominado por el Estado” (léase privatización del petróleo y la electricidad). “Esto es exactamente lo que Wall Street está pidiendo”, esto es lo que decía Alberto Bernal-León, un analista del banco de inversión global Bear, Sterns and Co. y citado por LA Times.
Si Fox no pudo implantar ese programa, es totalmente impensable que Calderón pueda aprobar las mismas medidas. Esta es una receta acabada para la lucha de clases. El huracán revolucionario que ha sacudido América Latina durante los últimos años ha llegado ahora a México, a la frontera con EEUU. Las masas regresarán a las mejores tradiciones de la revolución de 1910-1917. Pero debemos destacar, sin embargo, que en aquella época México era un país principalmente campesino, cuando los ejércitos campesinos de Zapata y Villa tomaron Ciudad de México no se encontraron con una clase obrera revolucionaria con la que poder aliarse. En los últimos cien años, México se ha transformado radicalmente, ahora el 75 por ciento de la población viven en zonas urbanas y 10 millones de trabajadores están organizados en sindicatos. Las condiciones son muchos más favorables para la revolución social. Por lo tanto, los trabajadores y los campesinos de México necesitan una dirección socialista revolucionaria que sea capaz de canalizar la lucha, que ya se está produciendo, en la dirección de la transformación socialista de la sociedad.

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