2008an burbuila inmobiliarioa lehertu ondoren, Estatu Batuetako finantza sistema ere lehertu zen eta berehala gainprodukzio krisi bilakatu zen. Mundu mailako ekonomia atzeraldian sartu eta lau urtetara, gizarte kapitalistaren oinarria astintze ari dira mundu osoan. Hazkuntza suspertzeko, edo beherakada saihesteko, hartutako neurriek huts egin dute. Obama edo Sarkozy bezalako inperialisten amets utopikoak ziren krisiak kapitalismoa hobeto “kontrolatzeko” eta “erregulatzeko” aukera emango zuela pentsatzea.

 

La dictadura  del capital financiero, en esta etapa de hundimiento de la economía, se ha hecho más evidente que nunca para millones de personas en todo el mundo. Las medidas adoptadas por los distintos gobiernos capitalistas, desde EEUU o la Unión Europea hasta los gobiernos burgueses de América Latina y otras zonas, sólo pretenden garantizar  los beneficios de la banca y las grandes empresas, haciendo visible el auténtico funcionamiento del sistema: control monopolista del mercado; concentración del capital en manos de vastas corporaciones dominadas por el sector financiero; la aparición de un gigantesco capital ficticio, que se alimenta de la especulación y la crisis de sobreproducción, y que mueve diariamente el equivalente a cinco veces el PIB mundial.

La economía capitalista, en lugar de recuperarse -como proclamaban los apologistas del capital y los socialdemócratas- se desliza hacia una recaída en la recesión, sin descartar que ésta pueda adquirir la forma de una depresión aguda. Recientemente, el propio FMI alertaba de esta posibilidad al referirse a las perspectivas que anuncian una posible recaída de EEUU en la recesión y desaceleración para China y los llamados países emergentes. El desempleo reconocido oficialmente en Estados Unidos está en el 10% pero si se aplicaran los criterios de otros países alcanzaría alrededor de un 20%. Los planes de Obama están suponiendo un nuevo ataque a los derechos de los trabajadores y el pueblo. La Unión Europea está en crisis y la posibilidad de una ruptura del euro y la salida de algunos países de la misma, algo impensable para los capitalistas hace un par de años, se discute abiertamente.

Pero si los efectos económicos de la crisis están siendo excepcionales, sus efectos políticos no lo son menos. El factor que domina toda la situación mundial es la ruptura del equilibrio capitalista. De él se desprenden consecuencias de largo alcance no sólo en el plano económico, también en la superestructura política y las relaciones entre las clases y las naciones. Una nueva configuración del dominio capitalista se está creando. La lucha entre los distintos poderes imperialistas (EE.UU, la UE, China, Rusia…) por el control de los mercados se intensifica, dificultando así a su vez las posibilidades para recomponer el equilibrio del sistema capitalista.

El poder del imperialismo no es ilimitado. Pese al enorme arsenal militar que acumula el imperialismo estadounidense éste no ha logrado estabilizar ni cerrar de manera concluyente ninguno de los frentes que tiene abiertos y ha creado nuevos focos de tensión. En Irak, aunque han anunciado su salida, no han logrado sus objetivos fundamentales y han dejado el país dividido en líneas religiosas y al borde de la guerra civil, lo que podría obligarles a volver. En Afganistán no logran controlar la situación y la guerra se está trasladando al vecino Pakistán. En Libia vemos como en la misma ciudad donde se iniciaron las protestas contra Khadafi, Bengasi, ya han comenzado protestas de masas contra el nuevo gobierno pro-imperialista.

El factor aún más destacable de la coyuntura política internacional es la agudización de la lucha de clases en todo el mundo. La tendencia ascendente de la lucha de masas es el principal obstáculo para los planes imperialistas de restaurar el equilibrio del sistema y seguir condenando a la clase obrera y el resto de los oprimidos a la miseria y la explotación.

Los grandes movimientos vividos en Europa, liderados por la oleada de huelgas generales y lucha de clases emprendida por los trabajadores griegos, pero seguida por sus hermanos del resto del continente, el estallido de los movimientos de “indignados” en un país tras otro reflejan la profunda crisis del régimen capitalista y el enorme potencial revolucionario existente. Esta dinámica ha afectado incluso a países considerados fortalezas del orden capitalista e imperialista como los propios EEUU o Israel. En EEUU el movimiento “Ocupa Wall Street” que se inició con la juventud se ha contagiado a sectores significativos de la clase obrera. Las huelgas de masas y asambleas obreras en Wisconsin y el movimiento de los indignados han demostrado el potencial existente, recordando las movilizaciones de masas por los derechos civiles de los años 60. El imperialismo estadounidense tiene dinamita en sus cimientos.

El estallido de la revolución de los trabajadores y la juventud en el mundo árabe, considerado por muchos hasta hace poco como un feudo de la reacción, refleja este mismo proceso general. Pese al intento imperialista de desviar y controlar este movimiento, las masas siguen luchando en Túnez, Egipto y otros países. En Libia, ya han empezado a desarrollarse manifestaciones de masas contra el gobierno pro-imperialista.

A pesar de los elementos de confusión política que todavía existen en algunos de estos movimientos de masas que hemos descrito (por otra parte inevitables después de la ofensiva ideológica capitalista de las últimas décadas y dada la ausencia de organizaciones revolucionarias de masas) las consignas anticapitalistas, la crítica a la democracia burguesa y sus instituciones, la respuesta de las masas a la represión, la confianza en las propias fuerzas, representan una ruptura drástica con el pasado.

La propaganda sobre la paz, la democracia, el “consenso” entre las clases, ya no tiene la credibilidad del pasado. Lo que vemos en todos los países es una enorme polarización social y política. Colombia no es ajena a esta situación.

En este punto de inflexión histórico, la clase obrera y el resto de los oprimidos están buscando el camino de la transformación de la sociedad. Sólo la ausencia de una dirección revolucionaria probada y con influencia entre las masas, impide, por el momento, que todas estas luchas conduzcan a esa transformación. Debido a esta contradicción entre la fuerza potencial que tiene el movimiento de masas y la falta de una dirección con un programa y una estrategia que le permitan desplegar plenamente ese potencial, el proceso se prolongará, se hará más agudo y ofrecerá nuevas posibilidades de victoria al proletariado mundial. Para ello los activistas y militantes de la izquierda debemos construir en cada país e internacionalmente esa dirección clasista, consecuente, revolucionaria,  que el movimiento necesita.

El gobierno Santos y las contradicciones en el seno de la clase dominante

La llegada de Juan Manuel Santos a la presidencia ha ido acompañada de una gigantesca campaña de propaganda acerca del llamado “acuerdo de unidad nacional” y el supuesto carácter renovador del gobierno, etc. En realidad se trata de una gran estafa, un pequeño cambio de fachada (e incluso esto más aparente que real) para que no cambie nada fundamental.  Durante ocho años gobernó el gamonal, ahora los dueños de la hacienda han decidido tomar directamente el control. 

Las divergencias en el seno de la clase dominante colombiana giran esencialmente entorno a quien controla el aparato estatal y para qué, cómo responder al malestar social existente y las diferentes tácticas y estrategias a seguir para reubicar el capitalismo dependiente colombiano dentro de la división internacional del trabajo en el actual contexto de crisis mundial.

Por el momento la burguesía colombiana ha intentado compensar las dificultades de sus exportaciones tradicionales y más generadoras de empleo (textiles, alimentos, sector automotriz…) con  la creciente exportación de oro y petróleo. Ello ha permitido un crecimiento del 5% del PIB pero con un peso sobrevaluado y las mayores tasas de desempleo, subempleo y desigualdad de Suramérica. Ante la crisis de su principal socio comercial: EEUU, (que está intentando salir de la crisis aumentando su exportaciones y reduciendo las importaciones) el sector de la burguesía que se agrupa alrededor de Santos  apuesta por diversificar mercados, recuperar otros tradicionales como Ecuador y sobre todo Venezuela y subirse al carro del comercio con China, donde algunos competidores latinoamericanos tomaron la delantera. Esto exige algunas medidas y concesiones que chocan con otros sectores de la burguesía.

Pero, aunque el PIB ha crecido estos últimos años, las perspectivas para un capitalismo tan dependiente como el colombiano siguen completamente ligadas a lo que ocurra con la economía mundial y el futuro para ésta, como hemos visto, es de todo menos bueno. La firma del TLC con Estados Unidos representa la entrega en la práctica del país a las multinacionales estadounidenses. Pero no contentos con esto la oligarquía colombiana se apresura a firmar mas tratados de libre comercio, esta vez con Canadá y la UE y a buscar también un incremento de los negocios con China.  Nada hay por ganar con esto, la experiencia ha demostrado que el “libre mercado” y la “competitividad” de la que se llenan la boca ministros y empresarios no son mas que pura palabrería para convertir en mercancía hasta las condiciones más básicas para la vida.  Los planes de Santos y compañía significan un nuevo y brutal ataque a los niveles de vida de clase obrera y el pueblo y, como consecuencia, una agudización de la lucha de clases.

El sector de Santos también quiere disciplinar a ese otro sector de la burguesía que incrementó su poder político y económico entorno a la extensión del narcotráfico, el desplazamiento de tierras de los campesinos y las mil y una corruptelas que acompañaron al mandato de Uribe. Estas contradicciones y diferencias restan margen de maniobra a la clase dominante para actuar unificadamente y pueden ser aprovechadas por la izquierda con una condición: levantar un programa y una bandera propios, independientes, clasistas, que unifiquen todas las reivindicaciones y necesidades obreras y populares como primer paso para reconstruir una genuina alternativa revolucionaria basada en la acción política de masas.

Por un programa que unifique todas las luchas y reivindicaciones sociales y un frente unitario de la izquierda

Para la izquierda colombiana sería trágico tener ilusiones en cualquiera de los sectores en que hoy se divide la oligarquía colombiana. Ambos son enemigos de la clase obrera y el pueblo y coinciden en la necesidad de mantener e incrementar los beneficios de la burguesía sobre la explotación de las masas. Ni siquiera se puede decir que un sector tenga vínculos con los paramilitares y otro no. Ambos han utilizado sus servicios contra el movimiento obrero y popular, simplemente el sector que rodea a Santos no se ha manchado las manos tan directamente y ahora, para lavar su imagen e intentar engañar a los sectores menos experimentados y avanzados políticamente de las masas, quiere marcar distancias y demostrar al resto de la clase dominante que son ellos quiénes mandan.

Según la revista burguesa Semana, 2011 vio el mayor número de huelgas de los últimos 20 años. Varias terminaron en victorias totales o parciales, como las de los transportistas,  mineros o estudiantes. Pero la lucha que ha tenido más repercusión social ha sido sin duda la movilización estudiantil contra el intento del gobierno Santos de avanzar en la privatización de la educación. El 7 de abril más de un millón y medio de personas tomaban las calles, en la jornada de movilización más masiva en años. Junto a estudiantes de educación superior y secundaria, profesores, padres y colectivos obreros y populares marchaban en un clima de entusiasmo generalizado.

Aunque desde la dirección del Polo y la CUT  no se planteó ningún plan de acción para unificar todas las luchas sociales, el paro estudiantil -prolongado varios meses- actuó como referente para el conjunto del movimiento obrero y popular y obligó al gobierno Santos a retirar su proyecto y anunciar negociaciones con los estudiantes, aplazando cualquier medida hasta el próximo año. Si la lucha estudiantil se hubiese visto acompañada por un paro de los trabajadores, como hizo la CUT chilena, y los dirigentes nacionales del Polo y la CUT hubiesen planteado unificar todas las luchas en una huelga general, como primer paso para una lucha generalizada y continuada en el tiempo hasta ganar todas las reivindicaciones sociales, el movimiento de masas podría haber ido incluso más lejos y dar un golpe mucho más fuerte a los planes privatizadores y antipopulares del gobierno Santos y la burguesía colombiana.

Aunque el gobierno y la oligarquía volverán a la carga en sus ataques contra la educación pública y contra los derechos sociales, el resultado de la lucha estudiantil refleja la correlación de fuerzas existente y que hay condiciones favorables para unificar todas las luchas y reivindicaciones  obreras, populares, campesinas y estudiantiles en un programa común y levantar un frente unitario y un movimiento de masas con un programa anticapitalista que proponga la transformación socialista de la sociedad.

El conflicto militar y la lucha por la paz y por una sociedad justa y democrática

Un aspecto clave de ese programa debe ser la lucha por la paz. Frente a la demagogia cínica de la derecha y sus cantos de sirena hablando  de paz y contra la violencia hay que empezar por explicar que el origen del sangriento conflicto armado que sufrimos los colombianos desde hace décadas reside en primer lugar en la estructura agraria del país, una de las más injustas del planeta, y en las políticas de desplazamiento de tierras, represión y exterminio de la lucha campesina, obrera y popular que ha aplicado la oligarquía.

De 10 millones de hectáreas del territorio colombiano consideradas adecuadas para la agricultura sólo se cultivan 4 millones, el resto se mantienen improductivas en manos de los ganaderos y terratenientes. Un 1,5 % de latifundistas y narcotraficantes posee el 80 % de la tierra y el 85% de la población rural vive en la pobreza. El parasitismo y debilidad del capitalismo colombiano se refleja en la resistencia de la oligarquía dominante a ceder siquiera una mínima parte de su poder y privilegios. La burguesía y los terratenientes, estos y los paramilitares, todos ellos y el imperialismo, están absolutamente vinculados a través de miles de hilos visibles e invisibles, de las inversiones conjuntas e intereses comunes que crea el mercado mundial.

La principal tarea para la izquierda colombiana en estos momentos es explicar pacientemente todas estas ideas y defender incansablemente un programa que a las reivindicaciones democráticas antes citadas una las reivindicaciones sociales formuladas por los diferentes colectivos populares, obreros, indígenas, campesinos, estudiantiles (defensa de la educación y salud públicas, salarios dignos, no a la tercerización…) explicando que ese es también el camino para conseguir una paz justa y duradera.

Cualquiera de las reivindicaciones democráticas fundamentales del pueblo (reforma agraria, independencia del imperialismo, democratización de la vida política, justicia social,...)  exige romper con el capitalismo y construir una nueva economía y una nueva sociedad en la que la gran riqueza que producimos todos los colombianos con nuestro trabajo y que hoy se llevan las multinacionales o acumulan para especular los bancos y las grandes empresas deben estar también en manos también de todos y su utilización debe ser planificada de manera democrática por el conjunto de la población en función de satisfacer las necesidades sociales y no de enriquecer a una elite absolutamente minoritaria de la población. Esta sociedad justa y democrática tiene un nombre: socialismo.

Es preciso insistir en que los problemas de nuestra sociedad no se solucionan sacando más o menos representantes de una u otra tendencia en los órganos directivos del Polo. La amplia base de masas que posee nuestro partido, los sindicatos afines, las organizaciones sociales, de derechos humanos, los sectores juveniles, esperamos algo más: que el Polo esté en la primera línea de lucha por las reivindicaciones democráticas y económicas, que el Polo defienda en las calles los salarios de los trabajadores, el derecho a la educación de los estudiantes, la recuperación de tierras de los campesinos y una verdadera reforma agraria digna de tal nombre, en fin, el pueblo desea de su partido denuncia en el parlamento de los planes criminales de la oligarquía y acción revolucionaria por fuera del mismo para derrotar esos planes mediante propuestas concretas de lucha. Para ello, los militantes debemos formarnos en las ideas más avanzadas que ha creado el desarrollo de la lucha de los oprimidos durante siglos, las ideas socialistas, para comprender la situación estructural del capitalismo mundial y dentro de él, del colombiano, las perspectivas para la lucha de clases, la forma en que ella se ramifica en los sectores sociales, laborales, rurales, y un programa avanzado que ataque el problema de raíz, para llevarlo avante en la lucha popular directa de masas. Las ideas del socialismo son radicales, no por ser irracionales o utópicas sino porque van a la raíz del asunto, a la esencia del problema, y por eso mismo, son necesarias e imprescindibles.

En estos momentos las condiciones para la recuperación de la movilización de masas y la lucha por una paz justa y duradera en Colombia son posiblemente las más favorables a lo largo de la última década. Pero sólo podremos conseguir este objetivo basándonos en la organización, fuerza y movilización desde debajo del propio pueblo colombiano, de los trabajadores en las fábricas, de los vecinos en los barrios y los campesinos en los pueblos, de los estudiantes. Hoy más que nunca es necesario construir un frente único de todas las organizaciones obreras y populares revolucionarias entorno a todas las reivindicaciones y necesidades sociales.

Esa es la tarea que tiene por delante el Polo Democrático Alternativo. Sólo podremos desarrollarnos, recuperar los espacios perdidos y conquistar  una fuerza social decisiva si somos capaces de llevar adelante esa tarea de un modo consecuente y convertir al Polo en la herramienta de lucha para la resolución de sus problemas y la transformación social que necesitan los oprimidos de este país. 

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